El custodio de las siete llaves.- Dos sociedades distintas, frente a frente

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Eladio Hernández, autor que ha publicado recientemente con Editorial Círculo Rojo, nos presenta una obra donde se enfrenta el bien y el mal en un mundo mágico con seres que hablan y altas dosis de sentimientos

CÍRCULO ROJO.- Eladio Hernández lleva escribiendo toda su vida, una pasión que ha trasladado a esta novela tras su extensa experiencia y varias publicaciones.

El autor destaca de esta obra la intención de poner frente a frente “dos sociedades muy distintas: una, materialista y cruel, donde la honradez y la justicia no son sino valores trasnochados y sin interés alguno; la otra, una sociedad imaginaria, equilibrada consigo misma y con la naturaleza, dirigida por un druida, sabio y justo. Es la lucha de siempre, entre el bien y el mal, siempre desigual porque el mal no tiene escrúpulos”, asegura el autor, a la vez que relata que “estas dos sociedades se enfrentan, una avasallando y la otra defendiéndose, en los comienzos del siglo XIV. El malo, es superior en número y en potencia militar, aunque no en discernimiento; y el bueno, tiene a su lado la sabiduría, el amor de todo un pueblo y el poder de unos cuantos seres fantásticos que acompañan al druida y luchan con él. Se constituye, pues, una trama bélica entre un ejército invasor, dirigido por un hombre más malo que la sarna y un pueblo celta imaginario, dirigido por un druida justo y sabio”.

Eladio Hernández ha encontrado la inspiración en La doctrina del Neodruidismo y su forma de enfrentarse a los problemas diarios. “Junto a esta forma de vida, me encontré con un hecho cierto que fue el saqueo que sufrió el pueblo donde nací en el año 1304 por un grupo de personas de una localidad cercana, mayores en número y en potencia militar”, afirma Eladio.

Por todo ello, esta obra está destinada a todo tipo de público, “porque esta lucha la tenemos todos cada día en la sociedad en que nos ha tocado vivir”.

En ‘El custodio de las siete llaves’ el lector se encontrará cómo el autor, partiendo de unos hechos ciertos y de unos entornos geográficos reales y conocidos por él, deja volar su fantasía hacia un mundo utópico, un mundo en armonía con la naturaleza en el que le gustaría vivir, donde el ser humano es la medida de todas las cosas y no un objeto mercantil, y donde el grupo es importante sólo cuando lo es cada uno de sus miembros.

“Es una historia donde se intercalan hechos bélicos y hechos fantásticos, con seres que hablan y tienen sentimientos. Esta historia nos debe enseñar dos cosas: una, que hay que mirar siempre lo bello y positivo de las cosas, y hacerlo con solidaridad hacia los demás, lo que depende de nosotros; la otra, que la naturaleza es bella y está hecha para el disfrute del hombre, para su propio crecimiento personal en el amor a sus congéneres y al resto de los seres vivos, animados e inanimados, porque nosotros somos la tierra y la tierra es nosotros, en ella nacemos, en ella nos transformamos y en ella renacemos, nosotros, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos”, sentencia Eladio Hernández.

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